14 marzo 2012

DESEMPEÑO DOCENTE EN EL AULA – 360° Y LAS PAUTAS DE OBSERVACION

La calidad del desempeño docente en el aula ha sido desde hace tiempo una piedra en el talón de la educación en muchos países del mundo, y en particular en el caso de Chile. Según nuestro parecer, esto ha sido un elemento que ha influido en el lento caminar hacia los proceso de cambio y adaptaciones a los nuevos escenarios sociales que ha tenido que enfrentar la educación.
 Sin querer restar importancia a la responsabilidad que nos compete como docente en el desarrollo de nuestras clases, nos inclinamos por afirmar que esto no tiene que ver sólo con la acción directa del docente en el aula, sino además de la existencia de una serie de circunstancias y situaciones externas que se pueden considerar, como causa colaterales, de ello y que tienen que ver con el acceso y disponibilidad de recursos de los centros, las condiciones socioculturales y afectivas de los estudiantes, la carga horaria de los profesores, el tiempo disponible para la preparación de las clases, entre otras no menos importantes.
Sin embargo, cada centro educativo, independientemente de nivel que atienda, debe ser capaz de articular procedimientos eficientes para promover el mejoramiento continuo de las prácticas pedagógicas en el aula, ya que éstas son el núcleo de la labor educativa y de las cuales depende la calidad de los aprendizajes de nuestros estudiantes. En relación a esto, tanto los equipos directivos como los docentes debemos tener un alto sentido del compromiso con la formación de nuestros estudiantes y responsabilizarnos de los aspectos relevantes que representa nuestro trabajo diario, contribuir al mejoramiento de la enseñanza e involucrar a los estudiantes en sus aprendizajes.
En este sentido, creemos que un procedimiento muy adecuado para este fin es la observación del desempeño en el aula, como una técnica que puede ser llevada a cabo de diversas maneras junto a la aplicación de una pauta de observación.
De acuerdo a lo anterior, se siguiere que una alternativa bastante eficiente sería la realización formativa y constructiva de una observación en 360°, cuyo objetivo pretenda favorecer la puesta en práctica del desarrollo de competencias de los docentes. Para esto es aconsejable que ella participe un docente par, un  miembro del equipo directivo o Director, los alumnos y el propio docente a través de una autoevaluación. De esta forma, se podrán contrastar y triangular la información recogida de cada uno de los observadores, lo que otorgará a las interpretaciones y conclusiones una consistencia más holística.   Sin embargo, para ello es necesario tener en cuenta que hay que informar tanto a los observadores como los participantes de: a) objetivos que se pretenden con la evaluación de 360°; b) cómo se utilizara la información obtenida; c) cómo cumplimentar el cuestionario; d) cómo se calculan los resultados; e) cómo se garantiza el anonimato de los observadores si se da el caso. (Bisquerra et al, 2006).
De esta forma se podrá realizar una suerte de investigación evaluativa que nos aporte información fidedigna para la toma de decisiones orientadas al mejoramiento del desempeño de los docentes en el aula, orientada a evaluar las competencias de una persona (participante) utilizando varias fuentes (observadores) que permitan:
a-      Auto-descripción de sus competencias.
b-      Descripción de sus competencias realizada por otra persona
c-      Una presentación de estas informaciones que permitan tanto la comparación de estas descripciones entre sí, como su auto-descripción. (Lévy-Leboyer 2000 en Bisquerra)
Por ello valoramos las  ventajas de esta técnica identificadas por Lévy-Leboyer, en relación a que:
-          Las observaciones son más realistas que el auto-informe.
-          Es importante saber cómo nos perciben los demás, tengan o no razón, ya que la percepción de los demás influye en el propio comportamiento.
-          Si la opinión de los demás es inexacta, conviene saberlo, pensar en los motivos que explican estos errores perceptivos y rectificar para que su opinión sea correcta. (Lévy-Leboyer 2000 en Bisquerra, 2006).
Por otro lado, siguiendo a Marshall y Rossman, la observación la  definiremos como “la descripción sistemática de eventos, comportamientos y artefactos en el escenario social elegido para hacer el estudio” (Marshall & Rossman en Kawulich, 2005), y en esta misma línea, la observación en aula como técnica de indagación, que según María Teresa Martínez y otros (2009), es una práctica para recoger información in situ y que “En general la observación de aula como técnica de indagación e investigación docente, se entiende como una actividad cuyo propósito es recoger evidencia acerca de los aspectos involucrados en el proceso de enseñanza y aprendizaje en el contexto en que se ejerce” (Martínez, 2009).
Por ello, para desarrolla esta actividad es necesario contar con una pauta de observación, que contenga una relación de acontecimientos concretos y una valoración con códigos pre-establecidos que indiquen el grado de presencia de la conducta del objeto de estudio. De esta manera, se llegará a determinar con alto grado exactitud lo que se va a observar, con precisión y sin ambigüedades, ya que cada constructo se debe valorar en términos de conductas observables en categorías o indicadores.
Según lo anterior, coincidimos en que la observación en aula es un medio muy conveniente para indagar acerca de las conductas y actuaciones de los docentes. Sus ventajas así lo fundamental al considerarse que proporciona a los investigadores métodos para revisar expresiones no verbales de sentimientos, determina quién interactúa con quién, permite comprender cómo los participantes se comunican entre ellos y verifica cuánto tiempo se está gastando en determinadas actividades. (Kawulich, 2005)
Por otro lado, considerando que ninguna estrategia es infalible, esta tampoco lo es, por cuanto posee algunas limitaciones que es conveniente considerar y que radican en que el problema principal de la observación es el observador, ya que tiene que tener conocimiento competente de que observa y de su significado; otro problema es el efecto de reactividad, vale decir, el observador puede influir en los objetos de su observación por el sólo hecho de ser parte del escenario. Especialmente cuando es una observación breve. (Martínez, 2009).
Una pauta de observación por su parte, debe contener como objetivo principal la promoción en el mejoramiento continuo de las prácticas pedagógicas en el aula de manera formativa y constructiva.
Según el Marco para la Buena Enseñanza del Ministerio de Educación de Chile (2011) algunos dominios y dimensiones a considerar en una buena práctica docente en el aula tienen que ver con:
1.      Preparación de la enseñanza
1.1.Domina los contenidos de las disciplinas que enseña y el marco curricular nacional.
1.2. Conoce las características, conocimientos y experiencias de sus estudiantes.
1.3. Domina la didáctica de las disciplinas que enseña.
1.4.Organiza los objetivos y contenidos de manera coherente con el marco curricular y las particularidades de sus alumnos.
1.5. Las estrategias de evaluación son coherentes con los objetivos de aprendizaje, la disciplina que enseña, el marco curricular
2.      Creación de un ambiente propicio para la enseñanza.
2.1.Establece un clima de relaciones de aceptación, equidad, confianza, solidaridad y respeto.
2.2. Manifiesta altas expectativas sobre las posibilidades de aprendizaje y desarrollo de todos sus alumnos..
2.3. Establece y mantiene normas consistentes de convivencia en el aula.
2.4.Establece un ambiente organizado de trabajo y dispone los espacios y recursos en función de los aprendizajes.
3.      Responsabilidades profesionales.
3.1.El profesor reflexiona sistemáticamente sobre su práctica.
3.2.Construye relaciones profesionales y de equipo con sus colegas.
3.3. Asume responsabilidades en la orientación de sus alumnos.
3.4. Propicia relaciones de colaboración y respeto con los padres y apoderados.
3.5. Maneja información actualizada sobre su profesión, el sistema educativo y las políticas vigentes.
4.      Enseñanza para el aprendizaje de todos los estudiantes.
4.1.Comunica en forma clara y precisa los objetivos de aprendizaje.
4.2. Las estrategias de enseñanza son desafiantes, coherentes y significativas para los estudiantes.
4.3.El contenido de la clase es tratado con rigurosidad conceptual y es comprensible para los estudiantes.
4.4. Optimiza el tiempo disponible para la enseñanza.
4.5.Promueve el desarrollo del pensamiento.
4.6.Evalúa y monitorea el proceso de comprensión y apropiación de los contenidos por parte de los estudiantes.
Finalmente, debemos tener presente que aspirar a realizar en una sola observación de aula todo los aspectos que comporta una buena práctica docente es un imposible, por cuanto es recomendable elaborar dicho instrumento de manera consensuada con quienes serán objeto de observación y considerar la coherencia de ella con los objetivos institucionales y el proyecto educativo del centro.

Referencias Bibliográficas
Bisquerra, R., Martínez, F., Oboils, M., Pérez, N.(2006). Evaluación de 360º: una aplicación a la educación emocional. Revista de Investigación Educativa , 187-203.
Kawulich, B. (2005). La observación participante como método de recolección de datos. Forum: Qualitive social research. vol. 6. nº 2. art 43 , 4-32.
MINEDUC (2011). Marco para la buena enseñanza. Consultado  el: 14 de febrero de 2012. Disponible en  http://www.aep.mineduc.cl/images/pdf/2011/MBE2008_logo2011.pdf
Martínez, M. T. (2009). La observación de aula. Recuperado: 12 de marzo de 2012. disponible en: http://www.cmvalpo.cl/contenidos/noticias/2009/observacion.enaula.htm

03 marzo 2012


EVALUACION DEL DESEMPEÑO DOCENTE EN LA EDUCACION  PRIMARIA Y SECUNDARIA.

            En la sociedad actual se han ido produciendo y exigiendo, de forma bastante acelerada, una serie de transformaciones sociales, culturales y económicas para responder a los requerimientos de los nuevos tiempos. En este sentido, el mundo de la educación ha sido una de las áreas más trastocadas y cuestionadas por su evidente falta de plasticidad para acomodarse y responder a las necesidades de formación de la sociedad.
            En un par de décadas nos hemos visto envueltos en una sociedad muy dinámica, ágil, diversa, consumista, desechable y exigente de efectividad y respuesta inmediata, lo que de alguna manera  ha impuesto la cultura de la evaluación por doquier. Ésta se ha transformado, en general, en un acto cotidiano al que constantemente nos vemos sometidos, a raíz de los sostenibles niveles de exigencias de eficacia y rapidez hacia el desenvolvimiento personal, profesional e institucional que se nos impone socialmente.
            En educación, igualmente envuelta en este fenómeno de evaluación constante, aun cuando históricamente el instrumento de medición ha sido este mismo proceso , focalizado exclusivamente en los aprendizajes de los estudiantes, ha extrapolado hacia otras dimensiones del hacer educativo.   
            Ya se ha evidenciado cómo los sistemas evaluativos han ido evolucionando, sufriendo variaciones que han decantado en la concepción de que la evaluación educativa no una medición de niveles o categorizaciones, sino un medio para recoger información relevante que promueva el aprendizaje y el mejoramiento continuo de las personas, los procesos y las instituciones. En un sentido amplio la evaluación debe estar al servicio del desarrollo de un sentido de responsabilidad compartida por la educación como bien público. Debe promover el compromiso con la educación de todos los actores, cada uno según su lugar y ámbito de acción (Bolívar, 2008).
Desde hace más de una década aproximadamente, quienes nos desenvolvemos en este mundo, nos hemos visto envueltos una y otra vez, desde distintos ámbitos a evaluaciones que en principio han sido difícil de digerir, entender y aceptar, ya que como decíamos antes, este proceso era propio de quienes tiene la categoría de estudiante. De esta forma, hoy nos debemos enfrenta a evaluaciones institucionales, directivas, docentes, de programas educativos, extra programáticos, entre otras no menos importantes, con el fin de propender al mejoramiento de la calidad de la educativa desde todos sus ejes.
            En este sentido, consideramos que la piedra angular de todo este andamiaje es el desempeño que cada docente desarrollo al interior de su aula, donde está el corazón de la formación.  Creemos que si los procesos de enseñanza y aprendizaje que implementan los docentes son de calidad, lo serán también por añadidura, las instituciones, los programas formativos y todo lo que sobreviene de ello. Por esto coincidimos con Bolívar (2008) quien manifiesta que hemos de repensar cómo se puede garantizar el derecho a una buena educación para todos si no hay arbitrados dispositivos para que escuelas y profesorado den cuentas (a sí mismos, a la comunidad o a la administración) de la educación ofrecida.
            A partir de esto es que los docentes debemos hacernos cargo de la relevancia de mantener ciertos niveles de efectividad en nuestra labor que otorgue sustento a un desempeño de calidad, y que así como evaluamos es pertinente también ser evaluados.
La experiencia ha evidenciado lo complejo de esto, pero sin embargo insistimos que es indispensable llegar a institucionalizar procesos consensuados de evaluación formativa de desempeño docente en el aula,  en los que primen objetivos claros, orientados al mejoramiento de las prácticas profesionales, de los aprendizajes de los alumnos y la mejora institucional.

En términos prácticos, existen a disposición una serie estrategias evaluativas que se pueden implementar, pero creemos que es muy pertinente el método de evaluación de la observación de aula en la que participen docentes, docentes directivos y los propios alumnos, de tal forma de reunir información multivisional para obtener opiniones de varios estamentos que enriquezcan el proceso, a través de la triangulación de la misma.
            En este proceso, los instrumentos de recogida de información pueden ser múltiples. Desde nuestro punto de vista sugerimos que puede ser muy adecuada la aplicación de una pauta de observación directa en aula con apoyo de algún recurso audiovisual como soporte evidencial para un posterior análisis.
En dicha pauta debe ser adecuada al nivel educativo de desempeño de los docentes, a quienes serán las personas que lo aplicarán y al contexto en que se realizará.
Por otro lado, es menester reiterar que como esta evaluación tiene un carácter formativo, es conveniente recomendar que los focos de atención se  centren en aquellas dimensiones y criterios que la escuela desee privilegiar en un momento determiando y no se intente abarcar de una vez todos los aspectos deseables que circunda una buena  práctica pedagógica.
            Según lo anterior, se sugiere que un instrumento de este tipo considere, como mínimo,  dimensiones e indicadores que tales como:

a.       DIMENSION
Planificación y organización de la enseñanza.
INDICADORES
-          Inicio y finalización de la clase según horario establecido.
-          Control de asistencia.
-          Coherencia secuencial de contenidos acorde a la programación plan de asignatura.
-          Organización de los alumnos para el trabajo según las actividades propuestas.
-          Claridad de la propuesta metodológica de la clase.

b.       DIMENSIÓN
Proceso enseñanza – aprendizaje.

INDICADORES
-          Comunicación de objetivos y metodologías de trabajo al inicio de la clase.
-          Conexión de contenidos con los de la clase anterior.
-          Retroalimentación permanente y positiva.
-          Consideración de conocimientos y experiencias previas de los estudiantes.
-          Dominio de los contenidos que enseña y competencias que desarrolla.
-          Fomento del desarrollo de competencias cognitivas, actitudinales y procedimentales.
-          Contextualización del proceso.
-          Promoción de la participación en clases.
-          Clima de trabajo que propicia aprendizajes, equidad, confianza, solidaridad, respeto.
-          Establecimiento de normas de convivencia.
-          Utilización de recursos didácticos y tecnológicos.
-          Utilización de estrategias metodológicas motivadoras.
-          Coherencia objetivos/actividades de clases.
-          Evaluación formativa permanente.
-          Estrategias de evaluación coherentes.
-          Cierre de clase.

c.       DIMENSION
Habilidades comunicacionales.

INDICADORES
-          Lenguaje y vocabulario apropiado y comprensible para el nivel.
-          Comunicación clara de instrucciones para el desarrollo de actividades.
-          Vinculación respetuosa y democrática con los estudiantes.
-          Empatía con los estudiantes.
          De igual manera, es necesario considerar algunos factores relevantes en el desempeño docente, que según el estudio realizado por Gutiérrez Cabrera (2010) influyen directamente en la calidad de la enseñanza. Estos son:

-          Aptitudes y habilidades docentes.
-          Métodos de planeación y estrategias didácticas.
-          Métodos y técnicas para la enseñanza.
-          Diversidad en la organización del aula.
-          Interacciones y actitudes positivas.
-          Altas expectativas de todos sus alumnos.
-          Habilidades en el manejo del aula.
-          Uso de recompensas y sanciones.
-          Proceso de evaluaciones en el aula.
           Los mencionados factores pueden ser considerados en la elaboración de una pauta de observación de aula como dimensiones generales, a las que contextualizadamente se le deben desarrollar sus indicadores.

BIBLIOGRAFIA.
BOLIVAR, A. (2008). Evaluación de la práctica docente. Una revisión desde España. Revista Iberoamericana de evaluación educativa. Consulta: 2 marzo de 2012. Disponible en: http://www.rinace.net/riee/numeros/vol1-num2/art4.pdf
GUTIERREZ CABRERA, E. (2010). Un modelo de evaluación del desempeño docente que contribuye en la mejora de la calidad de los servicios educativos. Congreso Iberoamericano de educación. Buenos Aires. Consultado: 03 marzo de 2012. Disponible: http://www.adeepra.org.ar/congresos/Congreso%20IBEROAMERICANO/EVALUACION/RLE3221Gutierrez.pdf

15 febrero 2012

EVALUACIONES ESTANDARIZADAS DE APRENDIZAJE - SIMCE EN CHILE


El SIMCE es el Sistema Nacional de Evaluación de resultados de aprendizaje del Ministerio de Educación de Chile. Su propósito principal es contribuir al mejoramiento de la calidad y equidad de la educación, informando sobre el desempeño de los estudiantes en diferentes subsectores del currículum nacional, y relacionándolos con el contexto escolar y social en el que ellos aprenden.
Las pruebas SIMCE evalúan el logro de los Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios (OF-CMO) del Marco Curricular vigente en diferentes subsectores de aprendizaje, a través de una medición que se aplica a nivel nacional, una vez al año, a los estudiantes que cursan un determinado nivel educacional. Hasta el año 2005, la aplicación de las pruebas se alternó entre 4º Básico, 8° Básico y 2° Medio. A partir del año 2006, se evalúa todos los años a 4° Básico y se alternan 8° Básico y 2° Medio. Desde el año 2010 se incorpora la evaluación en 3° Medio del subsector Inglés.
Además de las pruebas asociadas al currículum, el SIMCE también recoge información sobre docentes, estudiantes y padres y apoderados a través de cuestionarios de contexto. Esta información se utiliza para contextualizar y analizar los resultados de los estudiantes en las pruebas SIMCE

En este sentido, diremos que las principales asignaturas de medición de este instrumento son aquellas fundamentales del currículum chileno y con mayor relevancia en Lenguaje y Comunicación y Educación Matemática.

A partir de esto, este sistema estandarizado de medición se plantea una serie objetivos más particulares que dicen relación con monitorear la efectividad del sistema educativo y diseñar políticas pertinentes; evaluar la utilización de recursos; y detectar sectores más débiles y diseñar estrategias correctivas.

A la luz de lo señalado me permitiré ser lo suficientemente crítico para discrepar en relación  a las finalidades y beneficios de este proceso.

En primer término, es dable señalar que la sigla SIMCE es muy pertinente para lo que en la práctica se realiza, porque  efectivamente “mide” aprendizajes de contenidos, relegando a un segundo plano aprendizajes competenciales, con lo cual pudiéramos dudar si con esa información se pueden tomar decisiones para la mejora de la educación, en términos de aprendizajes efectivos en concordancia con los objetivos generales de la educación chilena de cara al futuro.

Aclarando algunas afirmaciones anteriores y poniendo en contexto este sistema de medición, afirmaremos que las principales características de esta prueba radican en que son estándar a nivel país, contraponiéndose a la ideología de descentralización y fortalecimiento de la diversidad personal y sociocultural pregonada en las última décadas en Chile, por tanto carecen de contextualización; mide mayoritariamente conocimientos conceptuales, excluyendo, en gran parte, los procedimentales y actitudinales y las competencia básicas transversales; se desconocen mayoritariamente su estructura, preguntas e ítemes.  En este sentido coincidimos con el estudio de Eyzaguirre, B. y Fontaine, L (1999,6) donde manifiestan que …ocultar o retener la información sobre el contenido de las pruebas resulta contraproducente, pues esa información es condición necesaria para que los profesores puedan mejorar o al menos focalizar mejor su enseñanza. Esto, se contradice con una apolítica de transparencia y claridad de los enfoques de medición.

De acuerdo a lo anterior, afirmaremos que el SIMCE en nada comulga con el mejoramiento de la educación y carece de proyección benéfica, ya que no se enfoca en  potenciar las habilidades que exige la vida real y futura, es decir, evalúan aspectos irrelevantes de la formación de los alumnos.

Producto de estos aspectos característicos las escuelas y liceos han sido arrastrados inexorablemente a ser instituciones dependientes del SIMCE, ya que año a año muchos de los criterios organizativos y curriculares descansan sobre la base de implementar estrategias que permitan “rendir un buen SIMCE”, ya que esta medición se ha transformado en el gran referente que clasifica a las escuelas, tal como quedó demostrado con la decisión de semaforizar las escuelas según los puntajes obtenidos. Así, de sus resultados va a depender  si una escuela en muy buena, buena, regular o mala, con la consecuente estigmatización de ellas por la crítica pública a raíz del alto impacto mediático que se alcanza .

Como consecuencia de lo anterior, todo esto ha ido decantando en que las escuelas deban doblar sus esfuerzos para alcanzar los estándares de efectividad cuantitativos a través con la implementación de horas exclusiva de preparación y entrenamiento de los alumnos, sumar gastos adicionales en recursos, desatender otras asignaturas y privilegiar contenidos que supuestamente contemplará la prueba en desmedro de otros. De este mismo modo, esto ha ido provocado la categorización de las escuelas, la “profesionalización de docentes expertos en SIMCE”,  el estimulo hacia la competitividad entre ellas y la  instalación de una cultura la selección del alumnado, propiciando el desapego a la inclusión y a la equidad.

Por ello, podemos afirmar que esta medición no es un indicativo real acerca de lo que los alumnos saben, ya que en concordancia con Eyzaguirre, B. y Fontaine, L (1999, 7-8) creemos que… que las pruebas de evaluación alcanzan su máximo potencial de utilidad sólo cuando forman parte de un sistema coherente,  con metas educacionales claras y bien especificadas, donde hay una adecuada y transparente comunicación acerca de los objetivos de la medición, las características del instrumento y los resultados obtenidos, y complementación con otros métodos para asegurar la calidad del sistema.

Hoy en día podemos observar dicotomías muy diáfanas que se contraponen a este proceso, por cuanto por un lado  se intenta que el aprendizaje y la  enseñanza sean en base al desarrollo de competencias, y por otro, el SIMCE privilegia la medición de  saberes. En este sentido, la presencia de este divorcio es una evidencia clara de una incoherencia que aleja la credibilidad de la información obtenida.

Creemos que una alternativa de mejoramiento a este sistema de medición es transformarlo en una efectiva  evaluación de  competencias, pero con unos criterios de descategotización, transparencia, contextualización y coordinación que garanticen inequívocamente que lo que se quiere evaluar es lo efectivamente se evaluará.


REFERENCIA BIBLIOGRAFICA

Eyzaguirre, B. y Fontaine, L. (1999). ¿QUÉ MIDE REALMENTE EL SIMCE?. Centro de estudios públicos. Chile. Consulta: 14 febrero de 2012. Disponible en: http://www.simce.cl/fileadmin/publicaciones-BD-simce/rev75_eyzaguirre.pdf



31 enero 2012


ENSEÑANZA Y APRENDIZAJE POR COMPETENCIAS. COHERENCIA DE LA EVALUACION

                                                                                                                                 Claudio Barrientos Piñeiro
En todos los ámbitos de la vida y en más momentos de los que nos podemos percatar, realizamos reflexiones y emitimos juicios valorativos, que indistintamente de la edad o condición educativa es común a todo ser humano.
En este sentido, es dable asegurar que esta reflexión es un proceso evaluativo informal, inseparable de nuestra condición, aunque en este sentido se trata generalmente de juicios de  satisfacción.
En el ámbito de la educación, y de manera mucho más prolija y formal, encontramos una serie de enfoques, formas y principios de llevar a cabo este proceso, tanto desde una evaluación institucional, de programas educativos, de formación docente, proyectos, actividades educativas, clases, etc. De este modo, la razón de ser de este tipo de evaluaciones tiene que ver directamente con los grandes fines de la educación, orientada a la búsqueda del mejoramiento continuo de la calidad de la enseñanza.
De esta manera, al poner como foco de atención la evaluación de los aprendizajes, cobra relevancia automática la forma en qué, cómo, cuándo y con qué evaluaremos sus alcances y progresiones. A partir de esto, debemos ser consientes que no ha sido fácil encontrar consensos sobre cuál debe ser la mejor forma de plantearlo y llevarlo a cabo. Sin embargo, múltiples  investigaciones de expertos nos situarán en un lugar de referencia desde donde poder enfocar nuestra acción docente.
En relación a los aprendizajes, hace bastante tiempo ya se ha planteado que la sola adquisición de conocimientos disciplinares por sí mismos no son suficientes para poder desenvolvernos en esta sociedad, principalmente por todo lo que ha conllevado los avances de los medios tecnológicos y de comunicación. Desde hace más de una década esta mirada se ha puesto en el desarrollo de competencias, entendidas como el conjunto de saberes, habilidades, actitudes y valores que se articulan en la acción, en contextos determinados, para dar respuesta a la resolución de problemas a lo largo de la vida.
Sin embargo, y tal como lo plantea Perrenoud (2008), aún existe dos posiciones antagónicas acerca de lo que es más conveniente privilegiar en la enseñanza. Por un lado los que manifiestan que no se pueden dejar de promover los saberes y conocimientos emanados de los contenidos disciplinares, y por otro, los que plantean que se debe privilegiar el desarrollo de competencias, y que  ambas posiciones son complementarias y dependientes unas de otras ya que necesariamente para  desarrollar competencias se deben movilizan saberes.
A raíz de lo planteado anteriormente, este tema ha sido de mucha discusión en el mundo académico y profesional docente, pero nosotros nos posicionamos en el convencimiento de que el segundo planteamiento es un enfoque adecuado por el  que se debieran guiar los horizontes de la educación.
Sin embargo, al situarnos en la evaluación de los aprendizajes por competencias, desde la educación parvularia hasta la universidad, es posible detectar incongruencias didácticas y técnicas que afectan este proceso. Es fácil observar la existencia de un puente roto entre elementos claves de la enseñanza, el aprendizaje y la propia  evaluación.
En este sentido, si visualizamos que el proceso enseñanza–aprendizaje está compuesto por varios eslabones que sincronizan su proceder, podremos fácilmente entender la lógica de lo que queremos plantear. De esta forma, nuestro punto de partida será un enfoque constructivista de la enseñanza y el aprendizaje por competencias.
De esta manera planteamos que todas las fases del proceso de enseñanza debe ser coherente, partiendo desde el momento de la planificación. Ésta, alineada congruentemente con las metodologías que se utilizarán en el aula. No será posible desarrollar competencias si se aplica una didáctica rígida, jerárquica, academicista, con un foco exclusivo en los contenidos y de actuación pasiva de los estudiantes. Esto, restringirá las opciones de participación de los alumnos obstaculizando el desarrollo de actividades enfocada al fortalecimiento de conocimientos, procedimiento y actitudes, que conjugarán la formación de dichas competencias con una significación más poderosa.
En esta misma línea de coherencia es preciso que se coordinen y articulen procedimientos que unan adecuadamente las metodologías aplicadas con la evaluación de los aprendizajes. Sería un error enseñar académicamente y evaluar competencias o trabajar descripciones y análisis y evaluar conocimientos.
En este sentido será importante tener en cuenta tres elementos fundamentales: Las técnicas e instrumentos a utilizar en la evaluación, la forma y los momentos de aplicación de los mismos.
En el primero caso Cano (2008) nos plantea que la evaluación por competencias nos obliga a utilizar una diversidad de instrumentos y a implicar a diferentes agentes. Ante ello, los docentes debemos estar a la altura de esta formación para conocer y aplicar adecuadamente estos instrumentos. En la misma idea, pero en relación a la forma de aplicación de ella, la misma autora señala que puede hacerse por parte del profesorado, por parte de los compañeros o por parte del propio estudiante (o por todos ellos, en un modelo de evaluación de 360º), pero en cualquier caso debe proporcionar información sobre la progresión en el desarrollo de la competencia y sugerir caminos de mejora (Cano, 2008; 10). De acuerdo a lo planteado, un aspecto esencial en este tipo de evaluación será que el propio estudiante se involucre con sus avances y se haga parte de este proceso de construcción de su propio conocimiento.  Por otro lado, se debe priorizar la realización evaluativa en diversos momentos, de tal manera que nos entregue suficiente información para un diagnóstico, proceso y al final de trabajo, otorgándole una importancia trascendental al feedback continuo que debe ser el núcleo de la construcción personal del conocimiento.
De esta forma, utilizar como técnica evaluativa proceso una autoevaluación, heteroevaluación, coevaluación, evaluación colaborativa, entre otros, serán procedimientos muy adecuados para que efectivamente se pueda ir  construyendo nuestro conocimiento y desarrollando competencias para la acción comunicacional y técnicas como: leer, escribir, observar, comparar, calcular, anticipar, planificar, juzgar, evaluar, decidir, comunicar, informar, explicar, argumentar, convencer, negociar, adaptar, imaginar, analizar, comprender, entre muchas otras, que permitirán a los estudiantes adquirir herramientas claves para ir entendiendo el mundo y solucionando problemas simples, complejos y concretos al que diariamente hay enfrentarse.
Finalmente, es preciso mencionar nuestro acuerdo con Cano (2008), quien concluye que la evaluación ha de hacer más conscientes a los estudiantes de cuál es su nivel de competencias, de cómo resuelven las tareas y de qué puntos fuertes deben potenciar y qué puntos débiles deben corregir para enfrentarse a situaciones de aprendizaje futuras. (Cano, 2008; 10). De esta manera se propenderá a cimentar en los estudiantes una conciencia asertiva acerca de que el aprendizaje es un camino de construcción de toda la vida.

BIBLIOGRAFIA.

Cano, E. (2008). La evaluación por competencias en la educación superior. Profesorado. Revista de currículum y formación del profesorado, 12, 3. Consultado el 31 de enero de 2012. http://www.ugr.es/~recfpro/rev123COL1.pdf

Perrenoud, Ph. (2008). Construir las competencias. ¿Es darle la espalda a los saberes?. Revista docencia Universitaria. Consultada el 31 de enero de 2012. http://www.riic.unam.mx/01/02_Biblio/doc/CONSTRUIR%20LAS%20COMPETENCIAS%20perrenoud.pdf